Religiosidad del Pueblo Aguileño

  La Semana Santa es un exponente de la religiosidad del pueblo cristiano. Desde los primeros años apostólicos, los fieles quedaban anonadados al contemplar la escena pasionaria de Cristo Redentor. De tal manera que lo primero que sintetizaron los autores de los evangelios fue la narración del cruel sufrimiento de Jesús de Nazaret, que como Hijo de Dios doliente, pagó en rescate por todos los pecados de la Humanidad. Por eso el Papa Juan Pablo II escribió que entre la manifestación religiosa popular, destacaba los desfiles como exponente de la devoción del pueblo a la muerte y pasión del Señor, acompañado de su dolorida Madre.

  Águilas coincidió a desarrollarse como entidad poblacional con la época del esplendor del barroco murciano, pues a la muerte de Francisco Salzillo en 1783 contaba con 135 habitantes en su casco urbano. Esto nos puede dar idea que nuestra Virgen de Los Dolores no es talla del genial escultor en cuanto ni siquiera había sido creada la ayuda de Parroquia que en 1790 se erigió bajo la tutela de la Colegiata de Lorca. Esta pequeña capilla fue levantada bajo la advocación de la Purísima Concepción y San Indalecio, según creemos por iniciativa del Consejero D. Antonio de Robles Vives, pues nos consta en un documento del Archivo Nacional de Madrid, que éste regaló a la incipiente iglesia todos los objetos de culto, un hermoso cuadro al óleo de la Purísima, además de pagar el alquiler del almacén que hacía de templo en aquellos primeros años de la fundación de Águilas. El otro Santo, Indalecio, también se hallaba en un cuadro, quizás regalo de la familia Robles.

  Así pues, la Purísima Concepción fue la primera devoción mariana del pueblo aguileño, celebrando su fiesta patronal el día 8 de diciembre conforme al calendario romano. No hay que olvidar que fue en ese mismo día en 1812 cuando se erigió el primer Ayuntamiento constitucional de Águilas como testimonio del amor que tenía el pueblo a su primera patrona. En cuanto a la titularidad de San Indalecio es evidente que fue una prueba de la creencia de Robles Vives de ser Águilas la antigua Urci de los autores romanos, tal como él afirma en los escritos que periódicamente enviaba a su cuñado el Conde de Floridablanca.

  Esto fue el motivo por el cual el siglo pasado se creyera en Águilas que el Santo Obispo Urcitano fue despeñado en el cerro de las Águilas, actual de nuestro ruinoso castillo, conforme la creencia a la leyenda de los siete varones apostólicos, en la cual se decía que Indalecio, Obispo de Urci fue martirizado precipitándolo por un monte junto al mar sito en la ciudad de Urci. Estas devociones de la Purísima y San Indalecio al comienzo de las Águilas moderna iban junto a otras dedicadas al Santísimo Sacramento, de ánimas y Virgen del Rosario, todas ellas organizadas en una Hermandad que servía para dar culto a la Eucaristía y de enterrar dignamente a los pobres aguileños que no tenían con que pagar el gasto de inhumación. En cuanto a la Virgen del Rosario estaba relacionada con la devoción del mismo nombre, que todos los días del mes de octubre la gente salía a la calle, al ser de día, rezando esa plegaria mariana.

  Devoción implantada en el pueblo cuando posteriormente se encargó una bella imagen de la Virgen de la Aurora, se añadió la de Jesús de Nazareno y Virgen de Los Dolores, tal como se menciona en el artículo de la historia de las procesiones de Águilas. Hay que señalar que si los aguileños tenían al principio la Purísima Concepción como Patrona, por ser la imagen de la Soledad (posteriormente de Los Dolores) de una belleza sin igual, bien pronto se ganó los corazones de todos los moradores de la nueva población que a mediados del siglo pasado la proclamaron como reina y señora de sus más caras afecciones.

  Es de resaltar los novenarios que se celebraban en su honor. Faltaba iglesia para albergar a tanta gente que contemplaba con embeleso a su celestial Patrona colocada en lo más alto del retablo del Altar Mayor.

  Hasta en los años difíciles de la República (1931 1936), el pueblo, que por regla general se apartó de las prácticas religiosas, durante los novenarios de la Virgen no faltó a la cita con su Madre del Cielo. Así predicaba ese insigne orador que fue D. Antonio Sánchez González, venerable sacerdote que se ganó el respeto y cariño de toda la feligresía.

  Con el paso de los años, en la parroquia se fueron creando las distintas asociaciones que daban esplendor al Culto Católico y alimentaban la fe a muchos aguileños que se hallaban bajo el influjo anticlerical de la masonería, espiritismo y protestantismo, haciendo del pueblo de Águilas uno de los más difíciles, pastoralmente hablando, de la Diócesis de Cartagena. Para ello el virtuoso prelado D. Miguel de Los Santos, envió a la Parroquia de San José a unos de los más preclaros sacerdotes de entonces, como fue D. Antonio Sánchez González, destinando a la Rectoría del Carmen, al celoso y santo D. Recesvinto, que dio lo mejor de su vida en favor de los más necesitados.

  Entre las asociaciones católicas se hallaban la de la Virgen del Carmen, San Antonio, San Francisco, El Corazón de Jesús y San Luis Gonzaga, entre otras devociones y obras de caridad como era las Hijas de San Vicente de Paul, con sus donativos a los más pobres, y el pan de San Antonio. Por último, Ntro. Padre Jesús y la Virgen de Los Dolores eran los que llevaban el peso de las procesiones de Semana Santa.

  Jesús Nazareno, salía solo en la noche del Viernes de Lázaro anterior al de Dolores, y en piadoso Viacrucis recorría las calles altas del pueblo. Su mirada penetrante entre las temblorosas luces de los cirios hacían gemir a todo aquel que lo contemplaba, pues fue con la Virgen Dolorosa la imagen más bella que albergaba nuestro templo parroquial.

  Por desgracia nuestra, Águilas perdió esta joya de arte y de religiosidad en aquel fatídico día 14 de agosto de 1936.

  En cuanto al Viernes de Dolores, era la Virgen del mismo título la que estaba en la calle en medio del fervor de sus hijos. Esta procesión era más popular y festiva, pues se trataba de la Santísima Patrona de Águilas, por eso todos los balcones por donde pasaba el cortejo procesional estaban engalanados con toda clase de colgaduras, costumbre que hace algunos años se ha perdido y que por todos los medios se debía de recuperar.

   Luis Díaz Martínez 
Semana Santa Águilas 96



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