San Juan Evangelista

    San Juan Evangelista (fallecido c. 101 d.C.), uno de los doce apóstoles de Jesucristo, también conocido por el nombre de san Juan el Divino. Hijo de Zebedeo y hermano pequeño de Santiago el Mayor, fue primeramente discípulo de san Juan Bautista y luego de Jesús, quien otorgó a Juan y a su hermano Santiago el nombre de boanerges (en griego, 'hijos del trueno') por su celo (Mc. 3,17). Ambos, junto a san Pedro, contemplaron la Transfiguración de Jesús y su agonía en Getsemaní. Cercano a Pedro, partició activamente en la organización de la Iglesia primitiva en Palestina y, más tarde, en Asia Menor.

    Según la tradición, durante el periodo en que el Imperio romano intensificó la persecución de los cristianos, huyó a la isla de Patmos, donde se cree que escribió el Apocalipsis. Después viajó a Éfeso y las mismas tradiciones dicen que escribió tres cartas (las Epóstolas de san Juan) y el cuarto de los Evangelios (por ello denominado Evangelio según san Juan). En Asia Menor es venerado como patrón y en muchas obras artísticas se le representa con varios emblemas, entre ellos el Águila (que le identifica como evangelista) y el caldero (que hace referencia a la tradición que asegura que sobrevivió al martirio de permanecer en el interior de una caldera con aceite hirviendo). Su festividad se celebra el 27 de diciembre.

EVANGELIO DE SAN JUAN EVANGELISTA

Introducción

    Evangelio según san Juan, cuarto libro del Nuevo Testamento. La tradición eclesiástica de la segunda mitad del siglo II sostuvo que fue escrito por san Juan Evangelista antes de su muerte, y publicado hacia finales del siglo I, quizó en la antigua ciudad griega de Éfeso. Además, la tradición afirmó que es el último de los Evangelios, opinión compartida y fundamentada por los estudiosos modernos. Esta es la razón de que aparezca en el canon del Nuevo Testamento tras los tres Evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas). Los Evangelios sinópticos comparten un punto de vista y una temática central comunes.


Autor

    Desde el siglo XIX, la identidad del autor del Evangelio según san Juan ha suscitado encendidas polémicas. Los especialistas conservadores de la actualidad aceptan, en general, a san Juan Evangelista como autor, aunque otros, que no pueden aceptar en absoluto que el autor fuera a la vez apóstol y testigo presencial de los acontecimientos registrados en el libro, han propuesto diversas hipótesis. Una de ellas propugna que el cuarto Evangelio canónico fue escrito por 'el Presbítero' mencionado en las dos últimas Epístolas de san Juan. Otras que fue compuesto por un discípulo de san Juan Evangelista (por lo cual se basó, en parte, sobre las memorias que Juan conservó de los acontecimientos del Evangelio); que acaso fuera compuesto por un amigo de Jesucristo, Lázaro de Betania; o que fue escrito por un cristiano anónimo en Alejandría durante la primera mitad del siglo II d.C. Los especialistas más liberales sitúan a Juan en la última década del siglo I o en la primera del siglo II.


Contenido

    El Evangelio según san Juan se divide en cuatro secciones bien diferenciadas. La primera (1,1-18) es un breve prólogo sobre la naturaleza de Jesucristo como encarnación de "la Palabra"-o "el Verbo"- (1,1-2 y 14), o "Logos", un término que significa razón y que en la antigua filosofía griega representa el principio rector del Universo. Logos designa, asimismo, una doctrina cristiana que explica cómo el agente divino se manifiesta en la creación, ordenación y salvación del mundo. La segunda sección (1,19-11,57, o según la división de otros especialistas, 1,19-12,50) aporta el testimonio de que Jesús es el verdadero Cristo o Mesías. Que él es, en otras palabras, la manifestación del Logos encarnado. Este testimonio lo prestan san Juan Bautista y los primeros discípulos, pero se expresa sobre todo a través de los milagros o "señales" (20,30) de Jesús, quien "manifestó su gloria" (2,11). Estos milagros son la transformación del agua en vino en Caná (2,1-11), la curación del hijo de un funcionario real (4,46-54), la curación de un hombre que llevaba 38 años enfermo (5,1-9), la multiplicación de los panes y los peces (6,1-15) -el único milagro registrado en los cuatro Evangelios-, la curación de un hombre ciego de nacimiento (9,1-7) y la resurrección de Lázaro, amigo de Jesús, de entre los muertos (11,1-46). Algunos especialistas consideran que la aparición de Jesús caminando sobre las aguas (6,16-21) es también un milagro. Otros, que dudan que deba considerarse como tal, enumeran otros como su muerte (19,30) y apariciones como Cristo resucitado (20,1-29).

    Algunos estudiosos afirman que la tercera sección de Juan comienza con los últimos viajes de Jesús a Betania y Jerusalén, que marcaron el final de su magisterio público (capítulo 12). Desde su punto de vista, esta parte comprende la Pasión y Resurrección de Jesús (capítulos 12 al 20). Otros expertos, que favorecen una línea temática y siguen la doctrina del Logos definida en el prólogo, sostienen que el tema fundamental de esta sección es el regreso del Hijo encarnado al seno del Padre. Según estos especialistas, la tercera sección comenzaría entonces en el capítulo 13, una vez concluido el peregrinar de Cristo, y sigue hasta el capítulo 20. En cualquier caso, incluye un relato de la última Cena; el último discurso y oración de Cristo, la así llamada sacerdotal; párrafos narrativos, en la mayoría de los casos, que describen el drama de la traición, arresto, juicio, Crucifixión y sepultura de Jesús; y el testimonio personal trágico e inspirativo del sepulcro vacío y de las apariciones de Cristo resucitado ante María Magdalena, los discípulos y el incrédulo Tomás. La cuarta sección (capítulo 21) es un apéndice o epílogo. Allí, Cristo resucitado aparece por tercera vez ante sus discípulos y ordena a Pedro: "apacienta mis corderos" y "mis ovejas", predice el martirio de este apóstol y habla acerca de un discípulo al que ama. Éste se identifica como el propio autor del Evangelio (21,24).

   El autor del Evangelio según san Juan escribió en una época en que las creencias de los cultos arcanos y del gnosticismo circulaban en la Iglesia primitiva junto con las primeras doctrinas del cristianismo. Al parecer, su intención era que este Evangelio fuera en esencia una reinterpretación teológica de la persona y la misión de Jesús. Presentó el mensaje en términos afines a las corrientes filosíficas de su tiempo, en una forma quizá más comprensible para los cristianos de la Iglesia posterior y para los gentiles helenistas que para sus contemporáneos. Por sus características concretas, el principal objetivo del autor fue contrarrestar la interpretación del gnosticismo docético que afirmaba que Cristo, a pesar de tener apariencia humana, no podía sufrir ni morir. El propósito explícito del Evangelio se revela en 20,30-31.


Juan y los evangelios sinópticos

   Desde hace mucho tiempo se reconoce que el Evangelio según san Juan es distinto a los tres Evangelios sinópticos que lo preceden. Entre las diferencias más conspicuas y significativas se cuenta la ausencia en Juan de cualquier registro o descripción de temas biográficos e históricos tales como el nacimiento y la infancia de Jesús, sus tentaciones, la Transfiguración, la institución de la eucaristía y la agonía en el huerto de Getsemaní. Además, sólo Juan menciona la transformación milagrosa del agua en vino en Caná, la resurrección milagrosa de Lázaro, el lavado de los pies de sus discípulos en la última Cena (13,1-20), los bautismos realizados por Jesús y sus discípulos (3,22-36; 4,1-2), Nicodemo (3,1-21), la mujer samaritana (4,7-26) y el incidente -que en la versión primitiva no fue parte del Evangelio- de una mujer "sorprendida en el adulterio" (7,53-8,11). También quedan en evidencia importantes diferencias cronológicas al comparar el Evangelio según san Juan con los Evangelios sinópticos. En Juan, el magisterio de Jesús se prolonga durante varios años, la última Cena tiene lugar antes de la Pascua judía y Jesús es crucificado antes del primer día de dicha festividad.



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